Por Recibimos y publicamos
29 May 2015
COCOELDELCAMION

Ha pasado un mes desde la última vez que nos encontramos, queridos hermanos bolsos. Ese mes que ha pasado es ni más ni menos que mayo, el mes de Nacional.

Ha pasado un mes desde la última vez que nos encontramos, queridos hermanos bolsos. Queridos compatriotas de sangre tricolor. Ese mes que ha pasado es ni más ni menos que mayo, el mes de Nacional. Tuvimos el clásico, el mayo tricolor y vamos a cerrar con la 6.116k. Treinta y un día en tres colores. En esos treinta y un días vivimos una montaña rusa de emociones. Después de una buena rachita en el Clausura nos frenamos con un empate en el clásico y perdimos en el Tróccoli. Ahora hay que pensar en la final. La matemática así lo indica.

Pero como Nacional es más que fútbol, tratemos de trascender lo que sucede en el verde césped y logremos surfear las olas (la que había hecho Majic en la Atilio y era espantosa no, otras) de la sabiduría popular en el mar del viril deporte. En este mayo que, insisto, es el mes de Nacional, aprendimos que un histórico dicho que se repite de generación en generación estaba incompleto. “Un tropezón no es caída, es foul para Peñar*l”. Así nos lo enseñó Darío Ubriaco, el mejor árbitro del país según la prensa especializada, y ya ahora un hombre de la cultura, que ha realizado un inconmensurable aporte al acervo del conocimiento oriental. Se suma de esta forma a su compañero Carlos Changala, lineman él, quien también en mayo nos enseñó que la línea del área grande es maleable y por lo tanto puede cobrarse penal aún un metro afuera de ella. Qué lindo que es ver cómo nuestro referato amplía las fronteras del conocimiento y crea ciencia de la más alta calidad. Es sencillamente hermoso. Conmueve y emociona.

Por supuesto que habrá quienes no nos crean, claro. Habrá quienes dirán que todo esto que estoy relatando no es más que una fábula producto de un delirio místico, de una manía persecutoria o de que todos y cada uno de nosotros los hinchas del club de los hermanos Céspedes residimos en Millán 2515, Hospital Vilardebó. Pues bien: aprovecho esta oportunidad para agradecerle a la enfermera Gladys, quien me liberó del chaleco de fuerza y así permitió que pudiera escribir esta columna.  Será desde esta trinchera que prepararé la final. Millán 2515, Hospital Vilardebó. Me interno. No voy a ir a la 6.116k, porque soy de Nacional y nunca corrí papá!!! Me interno. Ya está. Me interno absolutamente poseso por la convicción de que es contra todo y contra todos, cerrado herméticamente a las presiones de los rivales, el periodismo, la policía, el FMI, la masonería internacional, la FIFA, el FBI, Jorge Batlle y Eugenio Figueredo. No me importan ofertas de Arabia Saudita, no me importa si no está Fucile, Valdés, Pereiro, Hugo De León, EL VÍTOR Espárrago, Javier Ambrois, Héctor Scarone, Abdón Porte y Ernesto Caprario. No me importa nada. Salvo el objetivo. Que no es el de Mario Ub*rti, no sean giles. Ya saben cuál es. Es uno solo. Y hay que conseguirlo. Pues la Historia lo exige.

Me despido, preciados lectores. Y si a ustedes les parece que esto que estoy escribiendo es bastante parecido a lo que dije en otro kiosquito que tengo en la radio, más precisamente en CX 30 con el hijo de Carlos Muñoz, les digo que no es que estoy refritando, es que ustedes son unos perseguidos, unos maniáticos, unos loquitos, que ven conspiraciones donde no las hay, que contemplan fantasmas en todas partes, cuales Guillermos Lockhartes en sus propios y particulares Voces Anónimas.  Gran bolso, por cierto. Y dice el relator gay que es un precioso muchacho!!

Coco el del camión


Coco el del Camión

Coco El Del Camión. Una fuerza constructora, obrero de la construcción de la patria del futuro. Talabartero nacido en Bola de Nieve (Abu Dhabi), hoy radicado en Connecticut. Amigo de Carlao. Soldado de Tony Gómez. En 1986 surfié una ola en La Esmeralda, bajo la dirección técnica de Daniel Carreño.






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