Por Ernesto Flores
5 Set 2019
Manga

Para quienes lo vimos jugar, queda la certeza de que fue el mejor en su puesto. Anécdotas y triunfos se unen para erigir a este gigante del arco.

Mientras todo Nacional se está movilizando para ayudar al gran Manga a volver a nuestro país, recordamos quién es y quién ha sido en nuestra historia.

Hailton Correa de Arruda nació en el el barrio de Pina, Recife, el 26 de abril de 1937. Su primer club fue el de su ciudad natal, Sport Club Recife y rápidamente pasó a Botafogo. Manga, el segundo de 5 hermanos -el mayor de los varones- nunca trabajó ya que, según cuenta, su padre estaba decidido a que fuera jugador de fútbol.

En 1959 llegó por segunda vez a Río de Janeiro. La primera había sido con la intención de defender el arco del Vasco da Gama y fue rechazado. Pero Botafogo le abrió las puertas, desplazando de su puesto al mundialista Ernani -algo que se le haría costumbre en su carrera- y apropiándose del arco del “Fogao” por casi una década, antes de llegar a Nacional, que fue lo mejor que le podría haber pasado en su vida, como le confesara al periodista Enrique Fernández en 1979. “Siempre dije que para triunfar en el fútbol hay que tener suerte y yo me considero un afortunado del fútbol. En Uruguay viví todo lo que nunca pude vivir en Brasil o en cualquier otra parte del mundo” reconocía Manga en esa entrevista.

Tras su pasaje por Nacional, con el que habría de alcanzar el Campeonato Uruguayo de 1969, 1970, 1971 y 1972, la Copa Libertadores y la Intercontinetal -hoy reconocida como Mundial de Clubes- de 1971 y la Interamericana de 1972, además de la Copa Montevideo de 1970, Manga regresa a Brasil, donde habría de defender al Internacional (1974-1976), Operário (1977-1978), Coritiba (1978) y Gremio (1979-1980). Cerraría su ciclo profesional defendiendo al Barcelona de Ecuador entre 1981 y 1982.

En Brasil, Manga obtuvo el Campeonato Pernambucano de 1958 con el Sport Recife, los Campeonatos Cariocas de 1961, 1962 y 1967 con Botafogo, el Gaúcho de 1974, 1975 y 1976 con Internacional, el Matogressense de 1977 con Opérario, el Paranaense de 1978 con Coritiba y habría de repetir el Gaúcho en 1979, esta vez con Gremio.

Con Internacional fue campeón de la Serie A de Brasil en dos ocasiones -1975 y 1976- y sumó dos títulos nacionales con Barcelona de Ecuador: 1980 y 1981.

Del rechazo a la cima del mundo

En el Mundial de Inglaterra de 1966 a Manga le toca suplir al icónico Gilmar. Tras la derrota de Brasil en la segunda fecha ante Hungría por 3 a 1, Vicente Feola cambia a casi todo el equipo y le da la oportunidad a Manga de defender el arco ante el Portugal de Eusebio. Los norteños vuelven a caer por el mismo marcador y Manga es signado como el gran responsable. Una mancha que facilitará su salida de Botafogo y le cerrará definitivamente las puertas de la “canarinha”, pero le abrirá las de la gloria y los triunfos internacionales. A cada equipo al que llegó fue titular y figura.

Para fines de 1969 se vencía el contrato del arquero con Botafogo y quedaba en condición de libre. Era sabido que los dirigentes del “Fogao” no estaban dispuestos a una renovación. El presidente tricolor, Miguel Restuccia, se jugó una parada importante y para evitar que Manga, con el pase en su poder, arreglara con una institución que le ofreciera más que Nacional, inició negociaciones con sus pares brasileños para adquirir la ficha del jugador en U$ 40.000.

El arquero de Nacional en ese momento era el argentino Rogelio Domínguez, pero el entrenador Zezé Moreira consideraba imprescindible la incoroporación de otro guardameta. Fue él quien recomendó a su compatriota y lo hizo debutar en un torneo amistoso organizado por Boca Juniors en Buenos Aires, que contaba con la participación de -además del anfitrión- River argentino, Santos, Benfica y Nacional.

El decano uruguayo debutó en ese torneo ante el dueño de casa y Domínguez recibió 5 goles. Fue el fin de su etapa en Nacional. Al partido siguiente, con Manga en el arco, el tricolor empata con Santos 2 a 2 y comienza el ciclo exitoso de Manga.

Las enseñanzas de Aníbal

El excelente arquero brasileño tenía un defecto fácilmente constatable; no sabía salir. Él mismo lo reconció en una nota al suplemento Ovación: “Los arqueros en Brasil no sabían salir, eran muy malos; y yo, igual. Tenía esa falla, pero aquí aprendí”. El encargado de ayudar a Manga a superar esa carencia fue otra gloria tricolor; Aníbal Paz.

Un personaje

De Manga se han relatado cientos de anécdotas. Seguramente no todas sean ciertas, pero muchas lo son, incuestionablemente. Cuenta Miguel Restuccia en su libro “Mi vida y algunas de sus historias” que, en oprtunidad de un partido que enfrentaría a Nacional con el ex equipo del brasileño, Botafogo, “un inescrupuloso que actuaba en Porto Alegre fue a su casa a pedirle dinero para que fuera a meno en ese partido. Manga lo echó arrojándolo por las escaleras”.

Otro recuerdo de Restuccia tiene relación con un reclamo de adeudo que le hiciera cierta vez el arquero. Cuenta Don Miguel que, tras constatar que no existía tal irregularidad y así hacérselo saber a Manga, éste insistió, a lo que Restuccia le respondió que lo sentía mucho, pero que estaba equivocado. Finalmente, Manga le dijo “Sr. Presidente, vocé me debe el premio de $ 80.000 del partido del próximo domingo con Peñarol”. Ante tal seguridad demostrada por el jugador, Restuccia decidió adelantarle el pago del premio clásico. Esta situación se repitió durante los 15 clásicos siguientes, completando el invicto histórico de 16 clásicos seguidos sin perder.

En octubre de 2015 Manga fue entrevistado por el semanario Ovación del diario El País. En esa ocasión recordó que, a su llegada a Nacional, el club tenía cinco arqueros: “Domínguez, el Ñato (Eduardo) García, Dogliotti, y dos más. En el primer entrenamiento, cada uno atajaba dos o tres minutos y los delanteros le pateaban. Yo escuché qué decían: Vamos a ver el brasilero ese, si es bueno o no, y cuando me tocó a mí…tac, toc, tac (estira los brazos a un lado y a otro, arriba y abajo), las saqué todas; entonces, oí que atrás del arco alguien dijo: ¡Es un caballo! Después todos los otros arqueros se fueron de Nacional. No era culpa mía. A mí me habían traído para ser titular. ¡Para eso me contrataron!"

Al final de su carrera, casi entrando en la década del ochenta, Manga afirmaría que no existía en el mundo mejor arquero que él. Reconocía como superiores a Amadeo Carrizo y Lev Yashine pero a nadie más. Sobre Mazwrkiewicz decía que “era bueno. Excelente, pero no me supera”.

Manga no se lesionaba nunca, y de sucederle, jugaba igual. Sus dedos son testigo de ello. En una ocasión, en un amistoso en Paraguay, Washington Etchamendi decidió sustituir a Manga para el comienzo del segundo tiempo. La indignación de éste fue tan grade que exigió la realización de un documento en el que se garantizara que solamente él podía defender el arco de Nacional. Tan así fue la cosa que, a pesar de haber sido descartado para disputar un partido ante River por el Campeonato Uruguayo por encontrarse con un dedo enyesado, el brasilero se apersonó en el vestuario exigiendo su buzo de titular, aduciendo que no podía entregarlo “a un colega que no juega desde hace mucho tiempo”.

Manga odiaba los colores de Peñarol. Intentando aprovecharse de esto y con la intención de desconcentrarlo, un dirigente aurinegro mandó colocar dos sapos con cintas amarillas y negras detrás del arco que defendería el brasileño en un clásico por la Libertadores de 1972. Luego de percatarse de la situación, Manga pateó los sapos al grito de “Ni con sapos podrán hacerle goles a Manguinha”.

En el Torneo Ciudad de Montevideo de 1973, Nacional empató con Progreso y se debía definir por penales. Los futbolistas tricolores convirtieron todos los correspondientes a su tanda y, tal como se estilaba en aquel entonces, cuando no se alternaba, era el turno de los gauchos. Manga contiene el primero y Ramón Barreto cortó el resto de las ejecuciones dando por ganador a Nacional ante la furia y el reclamo de Manga; “¿Cómo va a terminar todo por la mitad? Deje que sigan tirando, ¿no ve que me estoy defendiendo?

El 30 de mayo de 1973 Manga protagonizó otro hecho que quedó en la historia del fútbol uruguayo. Nacional enfrentaba a Racing por el Torneo Ciudad de Montevideo. El tricolor goleaba 6 a 0 y poco antes del final del partido el brasilero saca de su arco, fuerte y lejos como era su costumbre. La pelota, acompañada por el delantero Wahington Calcaterra -que no quiso tocarla, conciente del histo que estaba por acontecer- ingresó al arco de Posadas, transformándose en el primer gol de arco a arco.

Ernesto Flores







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