Por Toto Montañes
6 Abr 2017
Mama

Sin frases rimbombantes, callado, poco mediático, tiene algo de la vieja escuela.

En el medio del campo de batalla, mordiendo, empujando, acarreando el estandarte y a todos los suyos. Larguirucho, un tanto desprolijo, falto de genialidad y de mayor talento, pero recio, metedor y si me permite: inquebrantable.  Heredero de los Ostoloza, Cardaccio o Palillo, en definitiva, sucesor de nuestra histórica casaca N°5. Hecho a la medida para estas lides. Sin frases rimbombantes, callado, poco mediático, tiene algo de la vieja escuela. 

Cuestionado por casi todos –y me incluyo-, pero bien que nos vamos al mazo cuando sabemos que está en cancha el día más especial. Es que sabemos que allí no nos va a defraudar, que venderá cara la derrota y que antes de que eso sea una posibilidad, él se encargará de dar la cara, de empujar al equipo y hacer temblar al que esté enfrente.

Qué decir de su última faena. Ver un león en la mitad del campo arreando a su manada. Emocionaba. Enfrentando él solo a toda la mitad de la cancha del adversario para que el resto del equipo pudiera irse arriba, en busca de la hazaña. Trancó fuerte abajo, gano siempre por arriba, relevó a sus compañeros una y otra vez. Es que él aguantaba, inquebrantable.

El tiempo pasaba, el escenario se complicaba aún más y el gol no llegaba. No le quedó otra que la vieja patriada: había que ir a empujar arriba como tantas veces lo hicieron sus antecesores. Así vino un centro, peinada suya para atrás (ya ubicado al borde del área), generación de brecha, y entrevero  para que un compañero disparara con furia y empatara el partido en la última jugada. Sí, en la última.

Después lo vimos festejar como nos gusta. Es que un compañero había hecho el gol, pero los de afuera lo vimos: él había ganado el partido. Tan simple como eso, es que ayer se contempló algo que viene desde el fondo de la historia cuando decimos “este es jugador de clásicos”, y algunos pocos dan con el molde. Allí están el Peta, Hugo, Pallilo, OJ, Chino, el Mariscal Lembo y otros tantos, pero entre todos ellos se asoma nuestro actual “5”, chapado a la antigua, de los que se les cuestiona que en un fútbol moderno como el de hoy sigan en el ruedo. Pero allí está él inconmovible y permítame decirlo por tercera y última vez: inquebrantable.

Toto Montañés






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