Por Hernán Navascués
11 Feb 2017
Historia

En su afán de encontrar pruebas donde no las hay, se contradicen a si mismos.

No me es fácil controvertir a Luciano Álvarez. Es un muy apreciado amigo a quien admiro por sus conocimientos históricos y la forma de manifestarlos, siendo siempre un asiduo lector de sus columnas. En ellas vuelca sus conocimientos profundos de la historia, utiliza el método propio de su doctorado, y sabe bien, por cierto, que ningún ser está situado en un punto fijo del espacio para observar todas las acciones de los hombres, como se dice en un preámbulo de una obra de Toynbee. Y por eso mismo, conoce que una de las trabas más grande es poder reproducir exactamente todos los hechos y poder armonizarlos sistemáticamente para obtener un relato que satisfaga a todos. Y lo más difícil por cierto: hacerlo objetivamente dejando de lados preconceptos y sentimientos.

Lo curioso del caso es que él, que en su obra sobre la Historia de Peñarol muestra un sentido –más allá de su interpretación guiada por su simpatía personal- que busca la objetividad y que, en gran medida lo logra, ahora cambió, y dejando de lado su rigurosidad histórica, escribe para la Tribuna, en un tono socarrón y pretende asociarse a la tesis absurda de que la historia de la FUF y el campeonato Consejo Provisorio forman parte de la historia de la AUF, y que hay que contabilizarlos como tales a favor de Peñarol. Y lo hace comenzando con una ironía que tiende a la burla, diciendo que los adversarios (o sea, nosotros, los bolsos) intentamos ganar en la Liga lo que no ganamos en la cancha y presume que haremos varias teorías futuras aludiendo, entre otras cosas, al gol de Carrasco para una pretendida invalidez del quinquenio. Y se asocia a la tesis pergeñada por Gutierrez Cortinas y ahora con arremetida del Escribano Quintana, para sumarse a un coro que sí no hay duda pretende agregar lauros como campeón uruguayo a su club, que en modo alguno lo son. El Mr. Hyde de Alvarez le ganó al Dr. Jeckil. Y el juego a la Tribuna arroja como resultados las voces de siempre, de quienes creen que el agravio es la mejor medida de polemizar, hasta utilizando un término peyorativo invocando a seres de cierta orientación sexual que, en los tiempos modernos, podrían ser apreciados  como injuriosos, no por a quienes se dirigen, pero sí por quienes verdaderamente la tienen.

Desde luego que en lo más mínimo le damos importancia. En cambio, por el contrario, se la damos a seres sensatos de las propias tiendas de Alvarez, que se plantean sus dudas de cómo computar un Campeonato de la FUF y que no incida el tiempo en que no estuvieron en la AUF. Es decir, hay seres que piensan, a quienes ese relato no les convence y con honestidad plantean sus dudas, confirmando una vez más que los testimonios históricos no convencen a todos quienes lo reciben.

En respuesta a Alvarez, vuelvo a lo que él dice. ¿Qué se pretende ganar en la Liga lo que no se ganó en la cancha? Se plantea así, en alusión al rival, nada menos que por un historiador de la institución que en forma deliberada no se presentó en 1931 a disputar su partido con Wanderers, para en forma ostentosa evidenciar que le daban a ese club el campeonato para que no lo ganara su rival tradicional. Esa actitud es mucho peor que intentar ganar en la Liga, es abandonar la lid para torcer intencionalmente lo que pueda suceder en la cancha. Y por el contrario, cuando cita a Carrasco, es el claro ejemplo de lo opuesto.Y por si fuera poco, hay otros dos ecasos muy claros sobre quien ha sido más leal en la lid. En 1986, cuando Peñarol no se presentó en su primer partido con Huracán Buceo, hubo un acuerdo con Nacional, para que se jugara una final si la diferencia de éste sobre aquél no era mayor de dos puntos, anulando de esta forma esa circunstancia desfavorable para Peñarol. No debe haber en el mundo mayor gesto de grandeza por parte de una institución para no sacar ventaja al rival. Y por el contrario, ¿que sucedió cuando el arbitro Prudente, no actuando como lo indica su apellido, no permitió jugar a Nacional con Villa Española? Buscaron por todos los medios, ellos los integrantes del mismo club que en el partido anterior había ingresado más tarde al campo de juego que Nacional -que el árbitro Bentancur le permitió-, que se consolidara lo actuado para que Nacional no tuviera la oportunidad de ganar en la cancha. Y así podríamos seguir, entre ello lo del famoso clásico de la gripe. Por lo tanto, hablar de ganar en la cancha o en la Liga, es un terreno muy cómodo para Nacional.-

Dicho esto pasamos a lo medular: la pretensión de hacer valer la Copa Consejo Provisorio como campeonato uruguayo. No vale la pena hablar del laudo Serrato, que no significó ninguna fusión, sino la absorción de la Federación por la Asociación, porque lo que se disolvió fueron las autoridades y lo que se dispuso fue recomponer la situación en la Asociación tal como estaba antes del laudo. Ello es claro: el denominado Campeonato A lo formaban los clubes que integraban la Asociación antes del Cisma y los demás luchaban por la clasificación. Y hay, además, algo que poco se recuerda, y es que no hubo solo dos tornes clasificatorios, sino que después hubo un campeonato denominado “Campeonato Especial de Primera División” en que jugaron los equipos que habían disputado el Campeonato A con el campeón de la serie A de Intermedia, que lo fue el Oriental Pocitos. Si el torneo que invoca Peñarol era Copa Consejo Provisorio y el que se jugó después con los clasificados era denominado Campeonato Especial de Primera División, la lógica indica que con la teoría de la fusión, su consecuencia, entonces, sería que el Campeón de l926 fue Rampla Juniors, el ganador de ese Torneo Especial. Pero para que seguir si todos sabemos que esos torneos del año 1926 nunca fueron considerados torneos uruguayos, a tal punto que es a partir del año l928 que se computaron los campeonatos para que Peñarol lograra la Copa Uruguaya en propiedad, lo que sucedió en 1936.-  

Pero, además, existe otro argumento que termina definitivamente la historia.Y es así como, curiosamente nos lo da el propio Luciano Alvarez. Escribiendo con rigurosidad en su libro “Historia de Peñarol”, aparte de reconocer que el abandono de 1931 no fue una actitud apropiada, en ese mismo libro, en el capítulo correspondiente al año 1926, en vez de proclamar que Peñarol fue campeón en ese año, se limita a decir en la página187: “En 1926 se jugaron dos torneos “de selección”. En el grupo A, Peñarol se clasificó Campeón con 30 puntos, seguido de Wanderers con 26 y 6 puntos encima de Nacional, que quedó cuarto. Sin embargo, el acontecimiento más recordado de ese año es un partido amistoso y un gol que sería el paradigma mismo del gol para contar. El que le hizo Piendibene al golero del Deportivo Español, Ricardo Zamora”. Es decir, que lo más trascendente para Peñarol en 1926 no fue un campeonato ganado, sino un gol en un partido amistoso a un arquero famoso. Lo reconoce así el propio Alvarez escribiendo con rigurosidad histórica y de esta forma él mismo le contesta al Alvarez de la tribuna, respondiendo que en ese año no hubo campeonato uruguayo alguno disputado.

Es muy curioso lo que ocurre con los voceros de nuestro tradicional rival. Ellos, en su afán de hallar pruebas donde no las hay, se contradicen a sí mismos. Y el récord es que ello sucede en el propio expediente de la personaría jurídica de Peñarol.-

Pero antes de entrar a este tema voy a hacer una aclaración. Yo he discutido de este tema tanto con hinchas de Peñarol como de Nacional, porque no me de he de apear de una íntima convicción: sociológicamente Peñarol es la continuidad del CURCC, pero jurídicamente no son una misma entidad, y en esto me remito al incontrovertible alegato de un jurista de excepción y verdadero héroe nacional: el Dr. Enrique Tarigo. Y cuando digo “héroe nacional” y no de “Nacional” , digo una gran verdad, porque en este país cuando llegó la larga noche de la dictadura, en que los políticos más gravitantes estaban proscriptos y no podían hablar, un profesor universitario salió de las aulas para escribir sobre el derecho y la libertad, utilizando su fina sabiduría jurídica y sutileza para hacerlo, en precisiones de tal naturaleza que eran difíciles para las autoridades cuestionar, y así fue como una luz comenzó a encenderse para que los uruguayos perdieran el miedo y tuvieran esperanza. Y fue ese mismo hombre, con esa misma sabiduría, el que demostró, en base a un trabajo previo de una Comisión que tuve el honor de integrar y de la que prácticamente fui Secretario, clasificando los actos jurídicos y las consecuencia de los ordenamientos originarios y derivados (y para esto hay que saber mucho de derecho, aunque tiene razón Alvarez cuando dice que no se es necesario ser abogado para hablar sobre documentos y sus consecuencias, porque basta el sentido común-pero en este caso sí hay que saber-) el que demolió la tesis que pretende la continuidad y única entidad de esos clubes.-

Y es así cómo, aun reconociendo la sinceridad animada por un firme sentimiento partidario de quienes en Peñarol sostienen esa continuidad institucional, por lo que los comprendo en su lucha a tal fin, también digo que la forma de hacerlo no es transformar en triunfo jurídico lo que no lo es. ¿Como se puede pretender, si se habla de “antigüa y nueva Comisión”, y se dice que el Club se “democratizó”, o que el club se “independizó” o “emancipó”, y se cambia todo, incluyendo la bandera, el nombre y encargando al Dr. Polleri  escribir los estatutos, y se abre un nuevo registro social, que ello no llame la atención y alquien piense que atrás de ello hay algo más que un simple cambio de nombre? ¿Acaso desde el punto de vista histórico hay que aceptar todo lo que los historiadores de un país, de una región, o de un club de fútbol dicen, sin derecho a opinar distinto? En la misma forma que por lo que escribió Alvarez, algún simpatizante de Peñarol tuvo dudas, admitamos que desde este punto de vista los de Nacional también tenemos derecho a tenerlas.Y mucho más cuando a quien fueron a buscar cuando la reforma para que fuera Presidente, era en ese momento socio de Nacional, como también lo era un Presidente posterior, el Dr. Francisco Simón.-

Dije que era curioso lo que ocurría. Veamos ejemplos: en el primer estatuto de Peñarol se dice que se designa así el club que se llamó hasta el 28 de setiembre de 1981 “Central Uruguay Railway Cricket Club”. Terminante, así dice. Sin embargo, a partir de l938 cuando la ofensiva cuestionando tal hecho se intensificó, hicieron una modificación del Estatuto para decir que el club cuyo nombre se dejaba era “Central Uruguay Railway Cricket Club-Peñarol”. Se le agregó la palabra “Peñarol” para preconstituir prueba para el futuro. Y esto no es cierto. Nunca se llamó CURCC Peñarol, como lo certifican las propias notas enviadas en el período de gestación (1913-1914) para que en el futuro pudiera quedar así.(Esto está en el folleto “Por la Verdad” del Dr. Alberto Mantrana Garín). Autor que, por otra parte, también se contradice continuamente, porque niega que hubieran existido dos comisiones, pero después resulta que la Comisión Directiva elegida en diciembre de 1913, se le comunica a la asociación por medio de la otra, es decir la verdadera del CURCC. Y dice que esta sigla desaparece porque el club perdió el carácter gremial, cuando en la misma publicación citada consta el Estatuto del CURCC en que dice claramente que el club es de los empleados del ferrocarril, denotando claramente que el carácter gremial es la base de sustento del club. ¿Desaparece la base gremial, fundamento de la institución y ésta sigue? Ello llamó la atención del Oficial Varsi, quien cumpliendo claramente su deber hizo constar cuando iniciaron la personería jurídica que no se acompañaban los Estatutos del CURCC. ¿Este buen señor, que vaya uno a saber de que cuadro era estaba conspirando contra Peñarol? No, simplemente, era un buen funcionario que pensaba.-

Otro ejemplo lo es el testimonio de una destacada personalidad de aquellos días, el Sr. Constante Facello. Lo que dice años después, no condice con lo que expresó en el momento mismo de la gestación del nuevo club, En una nota publicada en “La tribuna Popular” el día 5 de febrero de l914 destaca el gesto de la Comisión Directiva del CURCC a cuya propuesta “la nueva entidad que se formara, quedaba en posesión de la bandera  y colores y dos trofeos disputados en campeonatos oficiales”. Claro: “nueva entidad”.-

Como vemos, el artículo 1 del Estatuto original de Peñarol desmiente lo que dice el actual artículo 1 (que mereció observaciones que fueron aceptadas por la Comisión Directiva presidida por el Cr. Gastón Guelfi); Mantrana Garín se contesta con Mantrana Garín, Facello con Facello, y hemos visto, como en este caso concreto, Luciano Alvarez se contesta con el propio Luciano Alvarez.

Ahora, lo más curioso de todo es que la generación de Peñarol que, más allá de la interpretación que quiera darse, salvó sin duda a la institución, ya sea para que permaneciera en pie o para que con los restos de la anterior subsistieran valores intangibles de los que siguieron a la anterior, lo que los convierte en hombres muy trascendentes de su historia, nunca son recordados, ninguna mención perpetúa su memoria, quedando perdidos en el tiempo. Todo para simplificar las cosas, diciendo que lo que ocurrió fue un simple cambio de nombre y no dar así argumentos que pudiera favorecer la posición de su tradicional rival.

Por mi parte ¡loor a esos hombres¡ porque más allá de diferencias partidarias, forjaron una página trascendente del glorioso fútbol uruguayo que ha tenidos dos pilares fundamentales y que, para que ello ocurriera, ellos mucho tuvieron que ver.

Hernán Navascués








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