Por globoesporte.globo.com
5 May 2016
Libertadores2016

Corinthians probablemente vencería a Nacional un 90% de las veces, en condiciones normales de temperatura, presión y jugabilidad, pero en una noche de Libertadores a veces sucede lo contrario.

Cuando Nestor Pitana marcó el final de partido, de reojo en la transmisión de la TV, bien al centro del estadio, fue posible percibir una incipiente y determinada hendidura que sonreía en el medio de la tribuna, en el concreto aún posible de ver en medio del plástico imperante. La camiseta de Nacional no torció apenas el tendedero: terminó sacando a todo el Itaquerão un poco de su eje.

El más grande de los pecados que pueden cometer los herejes en este confesionario pagano que son las noches de Copa Libertadores es subestimar grandezas. Corinthians probablemente vencería a Nacional un noventa por ciento de las veces, en condiciones normales de temperatura, presión y jugabilidad, pero en una noche de Libertadores a veces lo contrario predomina. Precisamente porque hay más filosofía entre Montevideo y São Paulo que lo que son capaces de juzgar nuestros ojos atentos apenas al PRESUPUESTO. La pupila refleja $$$, pero es el diablo quien comanda la ruleta de los miércoles de Copa Libertadores.

Vivimos un tiempo de supremacía financiera de los clubes brasileros, lo que provoca en las mentes juveniles cierta soberbia hacia los vecinos, pese a que sus camisas tengan el peso de tres docenas de nuevas arenas. El plantel de Corinthians vale casi cinco veces más que el cuadro del Tricolor charrúa, pero en la madrugada de 1918 Abdón Porte, un deprimido joven de 25 años, mediocampista y capitán de Nacional, que sentía perder importancia en el equipo, entró al campo de juego del Parque Central y se mató con un balazo en el propio corazón.



"Nacional, aunque en polvo convertido
y en polvo siempre amante
no olvidaré ni un instante
lo mucho que te he querido.
Adiós para siempre"

Una nota que podría adornar el capítulo sobre Romanticismo en cualquier compendio literario, indirectamente direccionada a cualquiera que hoy pise una cancha defendiendo a Nacional. Y después, quedó apenas el ruido del estampido, y enseguida el silencio que recorrió las calles desde La Blanqueada hasta la Ciudad Vieja para meterse eternamente adentro del Río de la Plata. Si Lord Byron jugase al fútbol, tendría puesta la casaca del Bolso.

Lo que este razonamiento pobre significa, más allá de la aparente y LATENTE falta de sentido, es que no se debe, en cualquier hipótesis, subestimar a un club cuyas tres Libertadores parecen CONFETI cuando son comparadas con la ascendencia de un MÁRTIR. Un mártir que no se conformó con ser consagrado por las tribunas, ni soportó pasar una vida entera siendo eternamente festejado por las calles. Fue más eficiente al entrarse en sangre e intención en el propio campo, de donde jamás podrían sacarle.

En la tarde de este miércoles Manchester City entró en el campo para ser coadyuvante en la semifinal de la Champions League y el peso de su camiseta no pudo doblar una mínima hierba del césped del Santiago Bernabeu. Cuando Nacional pisó Itaquera, teniendo en el campo otras diez camisas además de la 5 de Abdón Porte, el césped se metió tierra adentro y de súbito pareció desteñirse. Lo que siguió; la angustia, el resultado, el silbato final, fue apenas un partido más de Libertadores.

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Traducción: Manoel Castanho








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