Por decano.com
1 May 2015
1ºdemayo

1º de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Celebramos formar parte de un colectivo en el que nos cuesta incluir a los futbolistas. Hablamos con De Pena sobre el concepto “jugador-trabajador”.

El fútbol se inició como un práctica deportiva dentro de los colegios ingleses. Lejos de ser un trabajo, era un pasatiempo estudiantil. Con el tiempo, la conformación de clubes y el comienzo de la disputa de campeonatos llevó a que, en la década de 1880 se comenzara a remunerar a trabajadores -que habían demostrado tener mayor destreza en la práctica del deporte que varios de los ex alumnos de las escuelas inglesas- con: “al principio un viático, después un monto que equivalía a los jornales perdidos, finalmente un sueldo”, según relata Juan Carlos Luzuriaga en su libro “El football del novecientos”.

De allí en adelante, la práctica remuneratoria se hizo habitual y fue in crescendo, hasta alcanzar los ribetes que ostenta hoy en día, pero, por más que manejemos las cifras de lo que reciben las grandes estrellas o los menos recompensados de las ligas más pobres de nuestro continente, nos cuesta incluir a los futbolistas en la categoría de “trabajadores”. Difícilmente nos referimos a ellos de este modo y nadie espera cruzarse con uno en un acto del 1º de Mayo. Ni aquí ni en Moscú.

Al inicio de esta charla con Carlos De Pena le planteamos que -pese a la resistencia que tenemos la mayoría en admitirlo- ellos son, efectivamente, trabajadores. El comentario del volante, en lugar de disipar las dudas, nos las acrecentó “no nos dejan entrenar. Nos toman como trabajadores” manifestó De Pena en un tono casi que de resignación.

El venir a entrenar lo tomo como un trabajo pero también es lo que siempre quise, es algo que disfruto” continuó De Pena y aclaró que “reglamentariamente me siento un trabajador porque tengo un sueldo, exigencias de rendimiento, de vestimenta y disciplinarias y un horario que cumplir. Desde ese punto de vista soy igual a otros”.

A lo que voy es que lo nuestro es un trabajo, pero también es un deporte. No quiero decir que quien desempeñe una labor, por ejemplo de oficina, no lo disfrute, tal vez sí, pero siento que jugar al fútbol es el mejor trabajo que puede existir”, sentenció el futbolista ante nuestra creciente envidia.

De todos modos, no podemos dejar de pensar que el tema planteado le generó a Carlos algún conflicto. “Para poner un ejemplo extremo”, -prosiguió el futbolista- “si me propusieran el jugar en Nacional sin recibir remuneración alguna, te diría que el hecho de jugar en este club es lo que siempre soñé, aunque obvio que es necesario percibir un sueldo, que hoy en día nadie lo podría hacer gratis debido a las exigencias que requiere el dedicarte a esta actividad”.

Sin duda, la vieja dicotomía “amateur-profesional” sigue instalada en el sentir de -al menos algunos- futbolistas.

Posiblemente muchos de nostros, mientras disfrutamos del ocio bien ganado después de la jornada laboral, dejemos de lado el frustrado anhelo de ser jugadores profesionales al momento de tomar conciencia de algunos sacrificios que tienen que hacer los que pretenden triunfar en el deporte. A propósito de esto, De Pena nos relató que “en mi caso, el tiempo libre lo utilizo para ir al gimnasio, para estar mejor físicamente, y tengo claro que las 24 horas del día tenés que ser un profesional; en tu alimentación, tu descanso y en el cuidado extremo dentro de lo que llamamos "el horario invisible". Es necesario tener presente que tus descuidos van a repercutir en tu desempeño. Tenés que ser un deportista las 24 horas del día. Esto no quiere decir que no puedas salir con amigos o tomar algo en la previa de tu día libre”, concluyó.

Para finalizar, Carlos nos dejó en claro “una diferencia que sí veo con la mayoría de los trabajadores”. Según él “ lo que nosotros podamos hacer o no dentro de la cancha -que en definitiva es nuestro trabajo- repercute mucho en el estado de ánimo de más de medio país. Hoy me toca jugar, pero cuando era un hincha de tribuna, el resultados del partido de Nacional pautaba mi estado de ánimo el resto de la semana. En realidad eso no ha cambiado, cuando ganamos soy el tipo más feliz del mundo y cuando no se da, me quiero esconder una semana

En definitiva, seguimos sin tener claro en qué casillero incluir a los jugadores de fútbol y, aparte, nos olvidamos de preguntarle si el 1º "salía asado".

Ernesto Flores
decano.com
 






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