Por Recibimos y publicamos
5 Oct 2013
Cecilia

En estos tiempos en que el patrimonio es cosa para festejar…

El patrimonio puede ser material  como conjunto de bienes y derechos, pero también es la herencia de una comunidad, transferida a las generaciones presentes y venideras.

El primer estadio mundialista, la gloria detrás de los cristales de la Sede, Carlos, Amílcar y Bolívar, el primer “hincha”, la bandera de la gente, la estirpe del 71, el Mayo Tricolor, la reunión en la casa de Caprario aquel indiscutible mayo tricolor, el 13 de setiembre de 1903, Atilio, Porta y Zapirain, los cuarenta y cuatros bien contados y reales, los pañuelos blancos al viento, la Banda, la rebeldía de la creación,  la cantera próspera, el cabezazo del Vasco, una canción que dice que el día del final  nos iremos rodeados de rojo azul y blanco, el penal de Tony Gómez, el pincel con que usted pintó la última tribuna nueva del Parque,  el festejo de los cien años,  Don Dante y Restuccia, el aliento permanente, el brillo de la sonrisa de Dely y la sonrisa del “Oreja” que brilla allá arriba, el escudo sobre el corazón,  la poesía de don José María Delgado, la volea de De la Peña,  Cascarilla y Waldemar, el Hugo  y Cococho,  el pedacito minúsculo de pasto del Parque que arranqué un día y que guardo, la sangre derramada de Abdón sobre ese pasto, la Abdón viva en cada partido en casa, el  gran Manco Castro y las enormes manos de Manga, la fragua de los colores …

Añadan a esta lista que me quedó sumamente corta todo lo que les venga a la mente. Son nuestros bienes más preciados.  Pero también son y serán nuestra herencia. La obtuvimos  por nacimiento, por elección o por destino y la vivimos día a día. La dejaremos labrada con el testamento del corazón a los que lleguen y nos aseguraremos que la apreciaran como nosotros lo hacemos y como la recibimos.

El frío que parecía imperturbable en el Centenario en  la noche previa a un nuevo fin de semana del Patrimonio no llegó nunca a apagar los presentes espíritus candentes. Es más,  creo que se vio sobresaltado por ese gol casi sobre el final en una ajustada pero lograda e importante victoria, ese golazo que gritó mi vecino de tribuna que estaba como loco, usted en su casa y yo,  ese gol que también es nuestro bien ahora.  Como cada gol y cada momento que nos pertenece. Hasta los de incertidumbre  porque las cosas demoran o a veces no salen. También son parte. Parte de este capital inmenso de bienes bienvenidos, grandes o pequeños, pero todos válidos al fin.

Nuestro derecho es poseerlos con orgullo y nuestra obligación honrarlos como corresponde a nuestra historia. Con cordura y valentía, con razón y sin mentiras, somos uno y somos miles,  aunque las cifras las cuenten otros como quieran.

Patrimonio nomás. Tiene con qué.

Cecilia810 


Cecilia 810

Cecilia es la lectura más esperada después de cada partido. Un bálsamo en los momentos difíciles y un tónico para acompañar la euforia







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